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domingo, 23 de agosto de 2020

TESTIGO RUGIDOR DE HISTORIAS

 

 

Una fábrica de armas cuya única función es matar, trabaja camuflada de fábrica abandonada, gris, con ventanas grises, con el único objetivo de hacer dinero.

A escasos metros y minutos de Donosti, la playa, el mar, el relax y las gaviotas. 

A escasos metros y minutos del anual festival de jazz, una de las músicas más subyugantes y emocionantes que existen. 

A escasas dos horas de Donosti los camiones enormes cargan verduras producidas gracias  a la explotación de personas a quienes se les niegan sus derechos laborales y humanos.

El mar sigue subiendo, bajando, bajando y subiendo,  desplazando barcos, personas, turistas, barcos de guerra, soldados, desplazados, testigo rugidor de historias.

Testigo rugidor de historias. 

Testigo rugidor de historias.  

 

Fué en el colegio de curas llamado Seminario, uno de los más prestigiosos de Montevideo, Uruguay.

Había un profesor de historia que en una clase dijo  que las armas siempre terminan usandose.

Pasó mucho tiempo, mucho, mucho. 

Una muchacha delgada de pelo largo, arrastraría por los pasillos aquella reflexión y la llevaría consigo toda la vida.

Hoy, casi 40 años después, muy cerca del origen de esos abuelos que emigraron de esta tierra a aquella, surge de la maraña de la memoria ésta reflexión:

¿Existiría ésta fábrica de armas cuando Amoná y Pepe emigraron?

El mar, testigo rugidor de historias.

Testigo rugidor de historias.  

Testigo rugidor de historias.  

 

 

 









           

Representación de Mari, numen principal de la mitología vasca precristiana

 

 



miércoles, 5 de noviembre de 2014

SURREALISMO QUE SUBE A UN TREN EN BUENOS AIRES







                                                                                       PAISAJES CON FERROCARRILES PINTADOS AL ÓLEO
                                                                                                                                 JANET TERNOFF


Se tomaron el tren de las tres.
A las tres y media.

Mientras el tren se iba.
Se alejaba lentamente como si nada. 
Como si nada no, como si, como si...
Como si la espuma del mar alcanzara una dimensión gigantesca y se subiera a aquella casita sobre la colina, allá lejos, ¿la ve?
Si. la blanca con dos ventanas.
Le  vemos solo una parte.
Una parte de la realidad subida a una ventana.
Intentando saltar.
EL SUR
El, surcando los mares se alejó.
Elsurrialdo se fué al sur.
Els Urrkitz le dijo:sacate los zapatos.
Un tren, una colonia, una colina, se fué, se alejó, como si nada, como si..., como si...
El libro sobre la mesa y el disco girando.
Los libros girando, las mesas, el mareo, el éxtasis.
Y las manos.                     
Un tren.
Otro tren.
Que arranca.
Las manos.
Que arranca las manos.
y arrancó y yo subía y me tendieron las manos unos señores y ella se fué a Bahía en tren.
Y ahora no hablamos.
Como antes.
Que yo le tiraba una piedrita a su ventana y entraba.
En su vida.
Y me subieron.
A mi, mi mochila y mi flauta.
Y lloraba y el tren había partido.
Sin tocar Buenos Aires.
Tocandola toda, desde santa Fé y Corrientes.
Bar blanco y negro desde donde hablar por teléfono a Gabriela que vivía enfrente.
Y llovía aquella tarde.
Y yo vi aquella tarde un ciervo.
Y yo viajaba a gran velocidad aquella tarde mientras un ciervo se asomaba.
Los vidrios empañados.
Los ojos empapados.
Tocando BuenosAires.
Negando la vida para nacer de vuelta.
Perdiendo el poema para volver a escribir.
Olvidando el camino para volver a andar.
Ni tren.            
Ni tarde de lluvia.
Niaskatruca pirondanga.
Lluvia maldita del no andar.
Y entonces le dijo: 
Prondinga askatrabuca.
Y entendió las estrellas y la noche.
La luna y la espuma de afeitar.
Y los cordones de los zapatos amarillos.